martes, 8 de marzo de 2011

ÚLTIMA CRÍTICA DE EL CORREO DE ANDALUCÍA. Por Fernando Huidobro Rein

Tabernero! Una de mero. Dos de Febrero… y así sucesivamente durante todo el tiempo del mundo tabernario. Sevilla nació hace siglos con esto, para esto, no más que puro tomar, y en ello seguirá siempre que se lo acompañe de una buena tapa y de mucho ruido. ¡Tasc! Tascar, así se le llama al sonido que se emite con los dientes al rumiar lo que se mastica y come, aunque claro, muy por encima de él están los decibelios que emite la bulla humana del abarrote consustancial a un tapeo como mandan los cánones. Pero ¿cuáles son las verdades del tasquero, las características del bar de tapas sevillano, cuáles las condiciones que hacen que la gente se plante en una tasca como estacas, cuáles las razones de su éxito? Intentemos enumerarlas:

Un saber lo que se quiere se requiere.
Una tozudez sin concesión afianza mogollón.
Un local tabernizado donde estar apretujado.
Una pizarra-carta encarta.
Un cantar la tapa te destapa.
Un clamar tu nombre te hace prohombre.
Un menú corto y variado deja encantado.
Un precio asequible es muy vendible.
Una cantidad generosa se gosa.
Un copear por vinos queda muy fino.
Una calidad puntera es la mejor compañera.
Un par de codazos es un bombazo.
Un luchar por la mesa embelesa.
Un trato afable no es menospreciable.
Un equipo entregado para estar integrado.
Un pelín canalla para mantenernos a raya.
Un pelín elegantes para no perder infantes.
Una cocina actual completa el ritual.
Una buena gestión hará la digestión.
Un poné el alma, calma.

Todas estas pequeñas cosas me recuerdan a ti, Pura Tasca. Son las que hacen grande el sitio, las que hacen que dé gusto verlo, vivirlo, valorarlo, venderlo, vindicarlo y versificarlo como aquí hago. ¡Chapó! Amigos míos, lo digo en francés para que nos entendamos, porque habéis dado en el taskós, es decir, en el clavo, según los celtíberos, habéis conseguido lo que todos anhelan, lo que los críticos no saben definir ni predecir, lo que los cronistas comentan y los historiadores dejan de lado como historias de barra.

Y es que no nos damos cuenta de la importancia de ese preciso estar de lao, acodao, acomodao en un mostrador donde se expenda buen vino y un algo enjundioso que comer, donde se viva y se vea vivir alrededor. Donde los atendedores sepan lo que se traen entre manos y sepan crear ese ambiente porque se sacaron con nota el carnet de manipuladores de alimentos y de almas. Ésta es la verdad última del tasquero y de El Tapeo: el resumen, el conjunto, esa esencia tan difícil de encontrar en nuestros días. En Triana tuvo que ser.

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